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...y lo que El Pibe se Olvidó

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“Gobernar Después"

"Cuando la prevención deja de ser una prioridad, el Estado termina administrando consecuencias.”

por Pipo Fisherman                                                                                                                                                                                                                                        01-08-26





Gobernar consiste, entre muchas otras cosas, en establecer prioridades. Decidir qué merece atención inmediata, qué riesgos conviene anticipar y qué problemas no pueden esperar. Administrar un municipio no es únicamente resolver conflictos cuando ya explotaron. Es, sobre todo, impedir que esos conflictos ocurran.

Sin embargo, basta con repasar algunos episodios que atravesó la ciudad durante los últimos días para advertir un patrón que comienza a repetirse con preocupante frecuencia. No importa si hablamos de salud, de seguridad rural o del tránsito urbano. Las respuestas oficiales parecen llegar siempre...después.


Después del accidente.

Después del robo.

Después de la intoxicación.

Después del reclamo.

Después de que el problema ya dejó de ser una advertencia para convertirse en una noticia.

Y ése, probablemente, sea el dato más inquietante.

Gobernar no consiste únicamente en administrar consecuencias.

Gobernar también implica anticiparse.

De amplia cobertura en medios nacionales, la intoxicación masiva ocurrida durante un almuerzo solidario organizado para ayudar a una beba con una compleja malformación conmovió a toda la ciudad.

Pero el verdadero problema había comenzado bastante antes de que cuarenta vecinos terminaran con síntomas compatibles con una intoxicación alimentaria.

Había comenzado el día en que una familia comprendió que debía organizar una campaña solidaria para intentar afrontar un tratamiento médico.

Y ahí aparece la primera pregunta incómoda.

¿Por qué una familia debe convertirse en organizadora de rifas, ventas de pollos o almuerzos solidarios para garantizar una atención sanitaria?

¿Para qué existe entonces un Fondo de Salud financiado por todos los contribuyentes?

¿Con qué criterios se decide cuándo asistir y cuándo no?

¿Dónde puede consultarse esa información?

Después llegó la intoxicación.

Y entonces sí aparecieron Bromatología, la investigación epidemiológica, los controles y el anuncio de futuras capacitaciones en manipulación de alimentos.

Nadie discute que todo eso debía hacerse.

Pero....siempre habrá un pero.

¿Por qué la prevención empieza recién cuando ya hay cuarenta personas intoxicadas?

Las campañas solidarias donde vecinos elaboran pizzas, pollos, empanadas o locros no comenzaron el domingo pasado.

Hace años que forman parte de la vida cotidiana de Pringles.

Familias que venden comida para afrontar tratamientos.

Clubes que organizan ventas de carne asada.

Escuelas que realizan polladas, o bingos.

Chicos que golpean puertas ofreciendo empanadas para pagar su viaje de estudios.

¿Nunca existió un programa preventivo que acompañara esas iniciativas?

Gestionar una emergencia nunca reemplaza haberla prevenido.

El segundo episodio parece pertenecer a otro universo.

Y, sin embargo, vuelve a decir exactamente lo mismo.

Varios productores rurales denuncian una sucesión de hechos de abigeato, pérdidas millonarias y una creciente sensación de indefensión.

Cuando el problema ya resulta imposible de ignorar aparecen las reuniones, los compromisos y las propuestas para instalar cámaras de vigilancia.

Otra vez...después.

La prevención llega cuando los animales ya fueron faenados.

Cuando las pérdidas económicas ya son un hecho.

Cuando el daño ya ocurrió.

Las calles de la ciudad tampoco escapan a esa lógica.

En pocos días se sucedieron varios siniestros viales.

En uno de ellos, numerosos testigos aseguraron haber visto durante horas a un conductor realizando maniobras peligrosas por distintas calles de Pringles sin que nadie lograra detenerlo.

Horas más tarde protagonizó un grave accidente.

La prueba de alcoholemia confirmó lo que muchos vecinos ya sospechaban. Conducía con más de 1,30 gramos de alcohol por litro de sangre.

El dato no sólo explica el desenlace.

También deja expuesta, esta vez, una pregunta mucho más incómoda.

¿Cómo pudo recorrer la ciudad durante tanto tiempo en esas condiciones sin que ningún control preventivo detectara semejante riesgo?.¿Es verdad que el causante ya tenía varias infracciones en su haber, y aún así contaba con licencia habilitante para conducir?.

En otros casos, un remisero perdió su herramienta de trabajo tras un violento choque provocado por un automovilista que huyó del lugar. Días después, un nuevo impacto entre dos vehículos volvió a instalar el mismo interrogante.

Los datos de accidentología son casi los únicos que se mantienen actualizados en la página oficial Ciudad Abierta. Allí puede verse el aumento sostenido, año a año, de los siniestros viales. Claro que no podrá verse en esa ni en ninguna otra página oficial las consecuencias de esos siniestros, tanto materiales como personales. E inevitablemente, se impone preguntar:

¿Qué función cumplen tantos móviles de Guardia Urbana recorriendo permanentemente la ciudad si los controles preventivos parecen no alcanzar para evitar situaciones como éstas?

Porque después del choque siempre llegan la ambulancia.

La Policía.

Los peritos.

Los comunicados.

La pregunta vuelve a ser la misma:

¿Dónde estaban antes?

Hasta aquí podría pensarse que hablamos de tres áreas distintas.

Salud.

Seguridad.

Tránsito.

Tres funcionarios diferentes.

Tres problemas sin relación.

Sería una conclusión demasiado cómoda.

Porque las prioridades de un gobierno no las define un director de área.

Las define quien gobierna.

Y allí aparece una ausencia que, paradójicamente, ya dejó de sorprender.

Resulta difícil encontrar al Intendente cuando la ciudad atraviesa sus momentos más incómodos.

En cambio, suele aparecer con admirable puntualidad cuando hay una obra por anunciar, una recorrida cuidadosamente preparada, una entrega de viviendas —aunque acumulen años de demora— o una nueva etapa del ya emblemático Polideportivo Municipal, convertido desde hace tiempo en la gran vidriera de la gestión.

Nada de eso constituye un problema.

Todo gobierno necesita mostrar lo que hace.

El problema comienza cuando mostrar parece ocupar más tiempo que prevenir.

Porque las prioridades nunca se descubren en los discursos.

Ni en las conferencias.

Ni en los videos prolijamente editados para las redes sociales.

Las prioridades se descubren observando qué problemas merecen atención antes de transformarse en crisis.

Y, por ahora, cuesta encontrar demasiados ejemplos.

Quizá por eso la ciudad parece haberse acostumbrado a un extraño modo de gobernar.

Primero ocurre el problema.

Después llegan los funcionarios.

Después las explicaciones.

Después las reuniones.

Después las promesas.

Después las fotografías.

Y finalmente... la tranquilidad oficial de haber reaccionado.

Lo verdaderamente preocupante es que, entre tanto después, cada vez resulta más difícil encontrar un antes.

Porque inaugurar una obra genera aplausos.

Anunciar proyectos produce buenos titulares.

Recorrer una construcción ofrece excelentes fotografías.

La prevención, en cambio, tiene un defecto insoportable para la política moderna: cuando funciona, no hay nada que inaugurar.

Y tal vez ésa sea la obra más importante que todavía sigue pendiente. Una gestión que entienda que evitar un problema nunca tendrá el impacto visual de cortar una cinta... pero siempre será infinitamente más útil que tener que explicar, una vez más, por qué nadie llegó antes.




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